Mostrando entradas con la etiqueta explosión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta explosión. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de agosto de 2013

Supernova 1987 A



La supernova es un evento poco común. En cada galaxia se suelen dar una explosión cada 200 años. En estas explosiones, la mayor parte de la masa de la estrella original se lanza a grandes velocidades. Durante algunos días, la supernova radía la misma energía que durante toda su vida, llegando a brillar más que el conjunto de estrellas que residen en su galaxia. Con el paso de los años, el remanente de la supernova se esparcirá, creando una nebulosa.

Las explosiones que señalan el final de una estrella masiva se denominan supernovas de tipo II. Existe otro caso, las de tipo I, que involucra la acción en un sistema de dos estrellas que se orbitan y cuya detonación es más brillante. Una de estas estrellas debe ser una enana blanca. Cuando el par está lo suficientemente cerca, la enana blanca comienza a robarle a su compañera. El problema es que cuando la enana blanca llega a tener 1,4 masas solares, muere de indigestión en un gran estallido.

Las supernovas que suceden en nuestra propia galaxia son todo un espectáculo, ya que llegan a ser visibles a simple vista con un brillo tal que pueden verse de día. Desgraciadamente, y como ya se ha comentado, es un fenómeno inusual. Entre las supernovas más famosas se encuentran la del año 1054 d.C, registrada por los chinos. Johannes Kepler, contemporáneo y colega de Galileo, registró una de estas supernovas cercanas en el año 1604 antes de la invención del telescopio. Desde entonces no hemos visto ninguna en la Vía Láctea, pero en 1987, una estrella apareció en los cielos australes siendo visible también a simple vista. Se trataba de la supernova SN 1987 A (A, por ser la primera del año) y estaba situada en la Pequeña Nube de Magallanes, una de las galaxias satélite de la Vía Láctea.

sábado, 15 de junio de 2013

Formación del Sil y los planetas

Formación del Sol y los planetas

Según los científicos, hace unos 15.000 millones de años se produjo una gran explosión, el Big Bang. La fuerza desencadenada impulsó la materia, extraordinariamente densa, en todas direcciones, a una velocidad próxima a la de la luz. Con el tiempo, y a medida que se alejaban del centro y reducían su velocidad, masas de esta materia se quedaron más próximas para formar, más tarde, las galaxias.

No sabemos qué ocurrió en el lugar que ahora ocupamos durante los primeros 10.000 millones de años, si hubo otros soles, otros planetas, espacio vacio o, simplemente, nada. Hacia la mitad de este periodo, o quizás antes, debió formarse una galaxia.

Cerca del límite de esta galaxia, que hoy llamamos Vía Láctea, una porción de materia se condensó en una nube más densa hace unos 5.000 millones de años. Esto ocurría en muchas partes, pero esta nos interesa especialmente. Las fuerzas gravitatorias hicieron que la mayor parte de esta masa formase una esfera central y, a su alrededor, quedasen girando masas mucho más pequeñas.

La masa central se convirtió eu una esfera incandescente, una estrella, nuestro Sol. Las pequeñas también se condensaron mientras describían órbitas alrededor del Sol, formando los planetas y algunos satélites. Entre ellos, uno quedó a la distancia justa y con el tamaño adecuado para tener agua en estado líquido y retener una importante envoltura gaseosa. Naturalmente, este planeta es la Tierra.

martes, 19 de febrero de 2013

Los ultrasonidos prueban que el meteorito ruso fue el más grande del último siglo

Es un hecho probado que nuestra tecnología actual no permite divisar con suficiente antelación cuerpos celestes (meteoritos) lo suficientemente pequeños como para que su brillo, cuando refleja la luz del sol, delate su presencia y advierta a nuestros expertos de su llegada.

Esto es lo que sucedió con la roca caída en Rusia el pasado viernes 15 de febrero. Nadie previó su llegada, pero los científicos detectaron sus efectos en todo el mundo gracias, por ejemplo, a la red de dispositivos encargada de medir el nivel de ultrasonidos provocados por las pruebas nucleares.
Según informó la prestigiosa revista Nature, la roca que cayó sobre la región de Chelyabinsk, cerca de la parte sur de los Urales, fue el objeto más grande en impactar con la Tierra en más de un siglo. Probablemente, el meteorito fuese el mayor desde el que causó el evento de Tunguska.
Los ultrasonidos muestran que la explosión liberó cientos de kilotones de energía, lo cual hizo que la explosión fuera bastante más potente que la última prueba atómica realizada por Corea del Norte.


 Según cálculos efectuados por  Margaret Campbell-Brown,astrónoma de la canadiense Universidad Western Ontario, que estudió los datos de ultrasonidos captados desde dos estaciones cercanas al lugar del impacto, el meteoro podría haber medido unos 15 metros de largo en el momento en que entró en la atmósfera terrestre, y podría haber alcanzado una masa de siete toneladas.
A pesar de tener un tamaño relativamente grande, el objeto no fue detectado hasta que alcanzó la atmósfera. Eso es así porque la red de telescopios que vigila el cielo en busca de asteroides que puedan impactar con la Tierra solo persigue objetos grandes (entre 100 metros y 1 kilómetro de largo).
Uno del tamaño del caído el pasado viernes es casi imposible de ver hasta - con suerte - uno o dos días antes del impacto. Como vemos, nuestra tecnología dista mucho de estar preparada para la detección de rocas espaciales pequeñas, y también falla a la hora de desviar rocas grandes que pudieran poner en peligro la Tierra. Así pues, queda mucho que hacer, y de hecho algunos científicos rusos han pedido ya la creación de un escudo terrestre de protección contra meteoritos.
 Teniendo en cuanta que cada 100 millones de años aproximadamente nos visita una roca capaz de exterminar a cualquier forma de vida mayor que el tamaño de una maleta de mano para avión, si queremos diferenciarnos de los dinosaurios y sus cerebros diminutos, tendríamos que tener algún plan de contingencia preparado. Puede que sobre eso logremos ponernos todos de acuerdo.