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jueves, 22 de agosto de 2013

Supercúmulos de galaxias


Hasta 1960 se suponía que la distribución de las galaxias en el espacio era aproximadamente uniforme, es decir, prácticamente al azar. La excepción eran las acumulaciones que aparecían en ciertas regiones, por la presencia de cúmulos de galaxias; hasta unos diez años atrás, algunos astrónomos también defendían la idea de que esos cúmulos se conectaban entre sí.
Sin embargo, hoy se ha analizado la distribución espacial de miles de galaxias gracias a modernas técnicas de mapeo y se encuentra que la distribución de galaxias en el espacio sigue esquemas muy distintos a los que se creía.
Además de los cúmulos de galaxias, parecen existir estructuras mayores a las que se las denominósupercúmulos de galaxias; el Grupo supercúmulos.
Un análisis más detallado de la distribución de las galaxias mostró que también existen regiones totalmente vacías de galaxias, mientras que otras, en cambio, presentan grandes acumulaciones.
De esa forma, ha sido encontrada una zona con una extraordinaria acumulación de galaxias, denominada la Gran Pared.
La Gran Pared es una extensa estructura de galaxias, extendida unos 500 millones de AL, con apenas 15 millones de AL de espesor; esta pared virtual separa zonas donde aparentemente no se observan galaxias.


Quizás más sorprendente es que los recientes datos observacionales indican que las galaxias se ubican sobre las superficies de enormes burbujas, dentro de las cuales habría un vacío completo (es decir, allí no habría galaxia alguna): La Gran Pared entonces puede interpretarse como una zona que delimita dos de esas gigantescas burbujas vecinas.
El análisis de otras regiones del espacio muestra estructuras similares; se debe aclarar, no obstante, que todas las zonas estudiadas corresponden a regiones relativamente cercanas a la Vía Láctea.



sábado, 15 de junio de 2013

Formación del Sil y los planetas

Formación del Sol y los planetas

Según los científicos, hace unos 15.000 millones de años se produjo una gran explosión, el Big Bang. La fuerza desencadenada impulsó la materia, extraordinariamente densa, en todas direcciones, a una velocidad próxima a la de la luz. Con el tiempo, y a medida que se alejaban del centro y reducían su velocidad, masas de esta materia se quedaron más próximas para formar, más tarde, las galaxias.

No sabemos qué ocurrió en el lugar que ahora ocupamos durante los primeros 10.000 millones de años, si hubo otros soles, otros planetas, espacio vacio o, simplemente, nada. Hacia la mitad de este periodo, o quizás antes, debió formarse una galaxia.

Cerca del límite de esta galaxia, que hoy llamamos Vía Láctea, una porción de materia se condensó en una nube más densa hace unos 5.000 millones de años. Esto ocurría en muchas partes, pero esta nos interesa especialmente. Las fuerzas gravitatorias hicieron que la mayor parte de esta masa formase una esfera central y, a su alrededor, quedasen girando masas mucho más pequeñas.

La masa central se convirtió eu una esfera incandescente, una estrella, nuestro Sol. Las pequeñas también se condensaron mientras describían órbitas alrededor del Sol, formando los planetas y algunos satélites. Entre ellos, uno quedó a la distancia justa y con el tamaño adecuado para tener agua en estado líquido y retener una importante envoltura gaseosa. Naturalmente, este planeta es la Tierra.

lunes, 4 de marzo de 2013

Los cielos más espectaculares del mundo


Creas o no creas en los ovnis, ven al privilegiado valle chileno del Elqui, sembrado de observatorios astronómicos, y duerme en un insólito hotelito espiando desde la cama estrellas, nebulosas, planetas... Un plan brillante antes de que acabe 2009, declarado Año Internacional de la Astronomía.

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Los cielos del Valle del Elqui y sus rocas cargadas de magnetismo han convertido a la región chilena de Coquimbo en un secreto a voces entre ufólogos, astrónomos y seguidores incondicionales del fenómeno ovni. La cita con estos cielos, considerados entre los más limpios del planeta, cobra todavía más sentido este año, declarado por las Naciones Unidas como Año Internacional de la Astronomía. 

Las características físicas y meteorológicas de esta zona, encajonada entre el Pacífico y las cordilleras de la Costa y los Andes, se confabulan para que sus cielos luzcan sin nubes y con un bajísimo nivel de turbulencia atmosférica incluso más de trescientas noches al año, lo que, unido a su baja contaminación lumínica, la convierten en un mirador único. 

Numerosos observatorios diseminados por estos pagos apuntan cada noche al firmamento para espiar las estrellas. Algunos, como el de Mamalluca y el de Collowara, están abiertos a cualquier visitante que quiera aprender a distinguir planetas, lunas, estrellas, cúmulos, nebulosas y galaxias enteras. Ante tal espectáculo, hasta al más incrédulo de los mortales llegará a soñar con la existencia de otros mundos. 

A pesar de los numerosos simposios y encuentros que alrededor de la ufología tienen lugar cada año en la ciudad de La Serena, para muchos, como en todas partes, los registros de estos extraños fenómenos que en ocasiones se reseñan en los periódicos locales son pura fantasía. Otros en la región, sin embargo, los reconocen con una naturalidad pasmosa. La incógnita, pues, queda abierta al criterio del visitante. 

Sobre lo que no cabe especulación posible es sobre el brillo de uno de los firmamentos más despampanantes del planeta, que surge cuando los cielos del valle del Elqui se encienden en cuanto el océano se traga el último rayo de sol. Precisamente para disfrutarlos abrió sus puertas hace apenas cuatro años el hotel Elqui Domos, el primer hotel astronómico del Hemisferio Sur, en cuya página web, además de las tarifas y otras cuestiones al uso, se puede acceder a un enlace sobre las fases de la luna o a un auténtico catálogo de astros, nebulosas y supernovas.

Apenas suma siete domos geodésicos, una especie de iglús de lujo con techo desmontable que permiten admirar las estrellas sin necesidad de salir de la cama, aunque todos están armados con un potente telescopio para avistamientos más serios, amén de invitar a sus huéspedes a participar en cabalgatas bajo la bóveda celeste o en rutas astronómicas en las que sus especialistas ayudan a descifrar los secretos mejor guardados del firmamento.